jueves, 13 de agosto de 2009

La voluntad del cambio

Hoy me gustaría hablar de un asunto que cotiadanamente vengo observando, las ganas de cambiar o modificar actitudes propias o de los demás. De mi observación se desprende que aplicamos mayor ímpetu e interés en modificar actitudes ajenas que en hacerlo con las propias.
Una vez constatado, y habiendo reflexionado bastante sobre ello, constato que tantas veces como hago el ejercicio tantas llego a la conclusión que es un gasto inútil de energias. Entiendo que para que se produzcan modificaciones es imprescindible la voluntad del afectado, de lo contrario, por mucha imposición que haya, a lo sumo se consigue un cambio transitorio, que en la primera ocasión posible se corrige para volver a la situación inicial sino más radicalizada. Por tanto opino que cuando lo intentamos, tanto de buenas maneras como impositivamente, hacemos un ejercicio inocuo de resultados nulos. Pero somos cabezotas y lo seguimos intentando, si volcaramos esa misma energía en modificar alguna actitud personal, que previamente hayamos constatado nos hace sentir mal, quizás consiguiríamos algún resultado. Aún así hará falta una buena dosis de constancia y otro tanto de paciencia. Creyendo positivo el intento, quizás sin conseguir resultado o distinto al esperado, animo a quien lo quiera intentar. Lo que encarecidamente ruego es que lo apliquemos en primera persona, más que nada por no desperdiciar tanto esfuerzo inútil.